El proceso de reintroducción del lobo en USA





Fuente: National Geographic Ed. España, vol.2, nº5 , Mayo 1998, pp.72-99

EL REGRESO DEL LOBO
Por: Douglas H. Chadwick
Fotografías de Joel Sartore 

Durante miles de años, el lobo común ha sido uno de los mamíferos con mayor distribución sobre la Tierra. A principios de este siglo, se le había cazado con trampas, envenenado y disparado hasta casi su extinción en la mayor parte de Estados Unidos.
Aunque un plan federal para la reintroducción de lobo en algunos de sus antiguos hábitats ha tenido mucho éxito, todavía existe una fuerte controversia, tanto sobre el terreno como en los tribunales.

Los lobos devoran kilómetros con su trote infatigable. Este ejemplar era negro y se desplazaba como una silueta por los remotos campos nevados de abril. Mientras enfocaba su telescopio, la joven investigadora dijo que, según creía, se trataba del macho alfa de la manada de los depredadores más controvertidos de América del Norte, que había colonizado la Blacktail Deer Plateau, situada entre los pliegues noroccidentales del Parque Nacional de Yellowstone. 

A este lobo se le conocía como Número Dos. El lobo se dirigía hacia la carroña de un uapití que su manada había abatido el día anterior. Los cuervos se dispersaban a medida que el carnívoro se aproximaba. Dos águilas calvas carroñeras volaron pesadamente hasta la copa de un álamo temblón. Un coyote solitario,
que arrancaba trozos de carne de los huesos, no miró hacia arriba, y debería haberlo hecho.

Desde que en 1995 las autoridades empezaron a reintroducir lobos en Yellowstone, 69 años después de que se capturara con trampa el último ejemplar, los lobos habían matado a la mitad de los coyotes en la zona en que coincidían sus áreas de distribución, provocando una reducción de sus territorios, sus movimientos y sus grupos sociales.

Y entonces, de repente, el lobo negro rompió a correr. En el último momento, el coyote escapó a toda  velocidad hacia la ladera de un montículo arbolado. La próxima vez que apareció, el lobo le seguía a unos 10 metros y continuaba acercándose. Momentos después los volví a ver a apenas 5 metros de distancia. Estaban tumbados y ambos meneaban la cola. Entonces el lobo se quedó frente al coyote, se inclinó sobre su cuarto trasero y meneó la cabeza: una invitación canina al juego. "Bueno – dijo la investigadora-, creo que éste no es Dos. Tiene que ser Número 56."

El lobo común, Canis lupus, todavía es frecuente en Alaska y Canadá. Pero en otros lugares de América del Norte se libró una guerra sin cuartel, con rifles, trampas y venenos, contra estos animales durante más de 300 años. En 1967, los expertos declararon que la especie estaba amenazada de extinción al sur de Canadá. En 1974, el lobo común obtuvo finalmente una figura de protección bajo el Acta de Especies en Peligro.

Para averiguar cómo les iba a los lobos había decidido seguir la trayectoria de su reubicación en la zona más apartada de Yellowstone y en las tierras salvajes del centro de Idaho, su migración espontánea desde Canadá hasta el norte de Montana y su expansión natural en Minnesota. Aprendí a leer las huellas frescas.
Aullé con los biólogos, bajo las estrellas, para incitar a las manadas de lobos a responder al aullido y revelar de este modo su posición. Y ahora estaba observando a Número 56, famoso por ser el primero a la hora de jugar y el último a la hora de luchar, mientras mantenía un careo juguetón con un coyote.

Al igual que los seres humanos, los lobos muestran una gran variedad de temperamentos y de peculiaridades psicológicas. Su estructura familiar es más parecida a la nuestra que la de muchas sociedades de primates. La lealtad y el afecto hacia sus parientes son dos de las características más fáciles de observar en el lobo común. La curiosidad es otra de estas características. Si el modo en que los lobos aprenden, se comunican y se entretienen también describe a los perros, ello se debe a que nuestros antepasados de la edad de piedra crearon el Canis familiaris domesticando el Canis lupus. Genéticamente, ambos son todavía el mismo cánido, capaces de cruzamiento.

La combinación de fuerza, inteligencia y comportamiento coordinado de la manada hizo de los lobos una especie extremadamente próspera. Con un área de distribución que se extiende por Europa, Asia y América del Norte, desde el gran Ártico hasta el centro de México, el lobo común ha sido durante milenios  el mamífero terrestre más difundido después del hombre. Este carnívoro, el mayor de los cánidos – entre 35 y 55 kilogramos de peso -, también fue uno de nuestros competidores más inteligentes en la búsqueda de carne. Pero cuando los humanos empezaron a depender del ganado, el respeto por el lobo dio paso al aborrecimiento.

En la época medieval, un bestiario advertía a los lectores de que el propio diablo "guarda semejanza con un lobo, quien siempre está examinando a la raza humana con su maléfica mirada y merodeando misteriosamente por los apriscos de los fieles". El derroche de propaganda en contra de los lobos durante siglos revela el arraigo del animal en nuestra psique, pese a que las leyendas de los indios norteamericanos consideran a este animal una deidad y el fundador de los clanes humanos. Para bien o para mal, estos grandes depredadores siguen recordándonos con su inquietante canto algo de nosotros mismos.

Con la excepción del sudeste de Estados Unidos, que era el dominio de una especie algo más pequeña conocida como lobo rojo, Canis rufus, el lobo común se extendía originariamente de costa a costa por América del Norte. Había cientos de miles de individuos repartidos en numerosas subespecies, entre ellas el lobo mexicano, cuyo territorio abarcaba el sudoeste de Estados Unidos.

Pero allí dónde los europeos se asentaban en el Nuevo Mundo, a continuación se producía la exterminación de los lobos. Durante muchos años, las agencias gubernamentales pagaron recompensas en metálico y los cazadores federales siguieron el rastro de los supervivientes incluso dentro de los parques y refugios. Un cazarrecompensas particular tendió trampas durante seis meses a través de 6700 kilómetros cuadrados de tierras limítrofes entre Wyoming y Dakota del Sur con el propósito de capturar a un único ejemplar, y lo consiguió.

Tras ser exterminados en la mayor parte del Este mucho antes de fines del XIX, los lobos comunes desaparecieron del Oeste en los años treinta. Hacia los años sesenta, los únicos lobos que sobrevivían al sur de Canadá eran unos pocos individuos que se refugiaban como bandidos en la Sierra Madre de México, otros cuantos en Isle Royale, en el lago Superior, y entre 300 y 700 en el extremo norte de Minnesota.

Joe Baltich, Sr., ex jefe de policía en Ely, Minesota, me enseñó una vieja fotografía en la que aparecían once lobos colgados de un poste junto a una avioneta aparcada en la nieve. La escena tuvo lugar en los años cuarenta. Minesota ofrecía en aquella época jugosas recompensas por los lobos y Baltich, que tenía 15 años, acababa de ayudar a su hermano a matar desde el aire a ocho ejemplares. "Pasamos parte del invierno viviendo de esto", recordaba.
Las recompensas se acabaron en 1965 y el entusiasmo de Baltich por poner trampas se fue convirtiendo poco a poco, y muy a su pesar, en admiración por el lobo.

Joe Jr., el hijo de Baltich, vino a sentarse con nosotros. "Solía acompañar a papá a cazar lobos con trampas – nos comentó-. Ahora se podría decir que atrapamos turistas utilizando los lobos como cebo." Las excursiones de ecoturismo son ahora la especialidad de la familia y los lobos locales son sin duda la principal
atracción. "Basta con encontrar deyecciones frescas en una de las pistas que preparamos para la práctica del esquí de fondo para que los visitantes se emocionen", decía Joe Sr. 

Su hijo añadió "No se trata realmente de los lobos. Se trata de cómo cambian las personas". Muchas especies en peligro necesitan hábitats especializados para vivir o se reproducen muy lentamente. Para ellas, la recuperación puede ser un asunto largo y delicado. Pero los lobos son resistentes, ecológicamente elásticos, se reproducen muy deprisa y recorren grandes distancias. Unos ejemplares equipados con collares
radiotransmisores que se habían alejado de su territorio fueron rastreados a casi 900 kilómetros. Los lobos pueden prosperar en casi cualquier tipo de hábitat que les ofrezca alimento. Su destino en el mundo moderno depende mucho menos de la biología que de la opinión que de ellos se tenga.

Y como las opiniones cambian, Minnesota alberga hoy a más de 2000 lobos, y la población se está expandiendo hacia la zona norte de Wisconsin y la península Superior de Michigan, que albergan cada una un centenar de animales como mínimo. Ely se enorgullece de poseer una nueva institución llamada International Wolf Center. Las 50000 personas que acuden anualmente, atraídas por su recinto de lobos vivos, su museo de exposiciones y sus clases sobre el terreno aportan una cantidad estimada de tres millones de dólares a la economía local.

Pero la antigua imagen de los lobos como seres maléficos y astutos ha tardado mucho en desaparecer en el país de los cowboys, el Lejano Oeste, donde las historia de los bisabuelos sobre famosos asesinos de rebaños todavía se conservan frescas en la memoria. Una razón por la cual el Viejo Oeste creó este tipo de historias es que, al parecer, por aquel entonces los carnívoros no tenían mucho más que comer. La caza no regulada había eliminado 60 millones de bisontes y dejado bajo mínimos a las poblaciones de uapitís, de berrendos e incluso de los resistentes ciervos. Los lobos que se cambiaron a la "carne mansa" fueron eliminados y estuvieron ausentes durante casi medio siglo, hasta que algunos ejemplares canadienses bajaron
por la Divisoria Continental durante los años ochenta para colonizar una parte del Parque Nacional Glacier en Montana.

Los vástagos de los lobos pioneros del Glacier fundaron otras manadas más al sur, a lo largo de las Montañas Rocosas de Montana. Y luego, en 1995 y 1996, durante una acción tan cargada de simbolismo
como de importancia biológica, las autoridades del servicio de Pesca y Vida Salvaje (FWS) de Estados Unidos decidieron acelerar el proceso, trasplantando un total de 31 lobos canadienses a Yellowstone, el parque nacional más antiguo del país, y 35 más al Área de Vida Salvaje Frank Church-River of No Return, en el centro de Idaho. El servicio federal de vida salvaje podrá afirmar que se ha recuperado la población occidental en el momento en que se cumplan estas dos cosas: cuando se establezcan diez manadas reproductoras en cada una de las dos zonas de reintroducción y permanezcan juntas durante tres años consecutivos, y cuando se establezcan diez manadas en la región de Montana, donde continúa la colonización natural.

Los tres ecosistemas tenían al menos media docena de manadas en 1997, lo que significaba que la recuperación se había adelantado a la fecha prevista y no sobrepasaba el presupuesto. Los funcionarios del Parque Nacional de Yellowstone calculan que, hasta el momento, más de 20.000 visitantes han visto un lobo, y los estudios pronostican qye la presencia de los animales generará millones de dólares en consumo turístico sólo en la región del gran Yellowstone.
La población del lago Superior ha llegado ya a un nivel que muchos consideran seguro. Con suerte, el Canis lupus será excluido de la lista de especies amenazadas en unos cuantos años, lo que constituye un gran éxito no sólo para el lobo, sino también para la propia Acta de Especies en Peligro.

La firme recuperación del lobo en el oeste de las Montañas Rocosas y en la región del lago Superior ha alentado a los científicos y a los defensores de la vida salvaje a considerar factible la reintroducción de lobos de los bosques orientales en los 2,4 millones de hectáreas del Parque Adirondack, en el estado de Nueva York. El Parque Nacional Olympic, en el estado de Washington, está siendo evaluado como otro hogar potencial. Mientras tanto, el lobo común se ha introducido por sí mismo poco a poco en el norte de Idaho, e incluso se han visto algunos en las vastas praderas de Dakota.

En cuanto al lobo mexicano, la subespecie más críticamente amenazada en los 48 estados contiguos, es posible que haya dejado de existir en estado salvaje. Afortunadamente, se ha criado en cautividad una población de más de 175 individuos a partir de siete supervivientes de los últimos conocidos. Los biólogos tienen la intención de empezar a poner algunos en libertad este año en las áreas forestales nacionales que se extienden por la frontera entre Arizona y México.

Antes de la suelta de lobos para reforzar la población de las Montañas Rocosas, el FWS distribuyó 750.000 documentos informativos, convocó más de 130 conferencias públicas y recopiló unos 160.000 comentarios y cartas, la mayor cantidad recibida nunca sobre el problema de una especie amenazada. Las opiniones se inclinaban decididamente a favor de la reintroducción y, lo que causó cierta sorpresa, las encuestas revelaron que la mayoría de los consultados en los estados ganaderos de Montana, Idaho y Wyoming también estaban a favor. No obstante, los ganaderos pronosticaban el fin de su sistema de vida. La sola idea de que se fuera a prestar ayuda a los lobos hizo que los vaqueros se manifestaran por las calles.

En el curso de una manifestación contra el Acta de Protección de Especies en Peligro en Ronan, Montana, Troy Mader, de la Abundant Wildlife Society de América del Norte, me entregó un folleto con la foto de un ciervo mutilado y me dijo "En Alaska y Canadá hay muchos lobos. ¿Cómo puede el gobierno decir que están amenazados e intentar metérnoslos por las narices? Los lobos son dañinos, y deberíamos tener la posibilidad de controlarlos con veneno y cacerías aéreas. Primero hay que tener en cuenta los derechos de las personas".

El plan de reintroducción obtuvo el apoyo público, en parte porque los Defensores de la Vida Salvaje, un grupo conservacionista privado, se comprometió a indemnizar a los rancheros por cada cabeza de ganado muerta por los lobos. Además, el gobierno mitigó la protección que normalmente se otorga a las especies en peligro decretando que los rancheros de las zonas de reintroducción podían disparar a cualquier lobo que atacara a sus ganados.

Sin embargo, se ha aplazado una nueva puesta en práctica del plan de reintroducción mientras un tribunal federal decide sobre su legalidad. Consideremos el caso de dos lobos a los que afectó el  plan de recuperación: un macho gris de un año y una joven hembra negra. Sus vidas transcurrían en áreas separadas de los bosques canadienses cuando cada uno de ellos fue capturado, drogado, enjaulado y enviado por avión junto con otros lobos a un lugar de puesta en libertad en Idaho. Esto sucedió a principios de 1995.
Un año después, durante la primavera de 1996, el macho, designado como B7, y la hembra, B11, vagaron hacia el este a unos 150 kilómetros de Idaho hasta el valle de Big Hole, en Montana, donde, después de no causar problemas durante varios meses, tomaron parte en la muerte de una novilla.

Un agente de los Servicios de Vida Salvaje del Departamento de Agricultura de Estados Unidos despegó en un helicóptero para disparar a la pareja dardos con drogas inmovilizadoras. Alcanzó a B7 pero, como el dardo se clavó en el hueso y no inyectó el líquido, el macho escapó. En cambio, sí pudo capturar a su compañera. La hembra fue trasladada a una zona de Idaho situada a 250 kilómetros de distancia y allí fue liberada. Once días después, estaba otra vez de vuelta en el Big Hole con B7. 
Tardaron meses en capturarlos y devolverlos a las apartadas tierras de Idaho, donde un recinto recién construido con un cercado de tres metros y medio de altura debía retenerlos hasta la primavera siguiente, fecha en que serían liberados bastante más al norte. Pero B7 logró saltar la cerca. Durante dos semanas estuvo rondando por las inmediaciones, intentando entrar para reunirse con B11 o liberarla de algún modo. Finalmente, volvió al este solo.
Un vaquero lo avistó en el Big Hole a principios de abril. El lobo estaba en las lindes de un nevado pastizal paridera, alimentándose de placentas. Oí la noticia y conduje todo el día para acudir al lugar. Cuando llegué acababan de dispararle otra vez un dardo desde un helicóptero. Entonces tenía tres años de edad, estaba sano y pesaba 48 kilogramos. Sin embargo, sus dientes parecían los de un animal viejo, rotos y desgastados de tanto morder en los cercados metálicos en los que había estado confinado.

Visité el valle de Big Hole una vez más para conversar con Bob y Arlene Peterson, propietarios del pastizal paridera en el que B7 había estado merodeando. "No odio ni culpo a estos animales – dijo Bob Peterson-. El lobo está haciendo lo que Dios le mandó hacer. No es culpa suya si forma parte de este programa federal." B7 fue enviado por avión para reunirse con B11 en el cercado de Idaho, cuya parte superior había sido ampliada ahora con una valla más amplia. En el verano de 1997 se les dio una última oportunidad de libertad. Si alguno de ellos molestaba al ganado a partir de entonces, ambos serían abatidos. Pero si pueden resistir en su nuevo territorio, y de algún modo construirse un hogar como el que tenían en Canadá antes de que fueran arrancados de allí, qué historia encerrarán sus cuerpos patilargos y sus ojos interrogadores.

El programa de recuperación del lobo de Idaho está gestionado por la tribu nez percé. Asistí a un powpow (gran reunión ceremonial) de primavera en la pequeña población de Kamiah, en la Reserva Nez Percé. En la ladera de una colina que domina el río Clear Water me encontré con Ken Bourgeau, que trabaja en el departamento forestal de la tribu. Se estaba poniendo un collar de plata y hueso. La capa que vestiría para las danzas de la tarde tenía una cola peluda.
"Mi padre compró esta piel de lobo en el norte de Washington – me dijo Bourgeau-. Mi padre me enseñó a respetar a todos los seres vivos. Me siento orgulloso de pertenecer a esta tribu y de formar parte del regreso de los lobos. Tenía que ser así, porque ya estaban aquí desde que existen las montañas." Otro danzante tradicional, Dan Spaulding, añadió: " El lobo vuelve a cerrar el círculo".

Otras personas no están tan seguras de que todo ser vivo tenga derecho a la existencia. Aunque la depredación que ejercen los lobos sobre el ganado en el oeste ha sido leve, las cifras van en aumento, lo que lleva a mucha gente a plantearse preguntas cómo éstas: ¿Qué sucederá cuándo vuelva a haber manadas en el territorio? ¿Realmente podremos vivir con ellos?
Volví a Minnesota, donde me encontré con el ganadero Julian Brzoznowsky, en cuya propiedad de 400 hectáreas se han capturado en las dos últimas décadas casi tantos lobos como existen en el oeste: 200 como mínimo. "Estos ecologistas... – suspiró-; Si alguien les robara el coche, querrían un juicio. Pero no les importa si los lobos me roban todo el ganado." La acción legal emprendida por Brzoznowsky ayudó a que el estado empezara a pagar indemnizaciones por los daños causados por los lobos. 

Sin embargo, la situación de Brzoznowsky es un caso extremo. Su rancho, una isla de prados despejados y cubiertos de hierba en una inmensa extensión de bosque próxima a Canadá, es el centro de media docena de territorios de lobos que se solapan. Las estadísticas a nivel estatal narran una historia mucho más pacífica. Dentro del área ocupada actualmente por más de 2.300 lobos hay unos 8.000 ranchos y granjas. Durantes los últimos años, tan sólo entre 70 y 90 granjas – aproximadamente un uno por ciento- sufrieron daños. Los casos registrados desde 1979 hasta 1996 muestran un promedio de 43 ovejas y 38 vacas depredadas al año por lobos, o aproximadamente una oveja de cada 400 y una vaca de cada 6.100 en el país de los lobos. La cantidad que el estado paga anualmente para compensar a los ganaderos de las pérdidas causadas por los lobos asciende a unos 32.000 dólares.

"Resulta gracioso que los lobos sean el foco de tanta discusión, ¿no crees? – me decía Bill Paul, especialista en lobos de los Servicios de Vida Salvaje para Minnesota, mientras dejábamos atrás unos pálidos abedules cuyas hojas a penas empezaban a salir-. Minnesota tiene piscifactorías que pierden cada una 50.000 dólares al año por culpa de las aves. Cuando se inició aquí el programa de recuperación de lobos, los ganaderos creían que los depredadores iban a devorarlo todo. Ahora se dan cuenta de que no es un problema tan grande como pensaban en un principio."

A los lobos que causan problemas en Minnesota ya no los trasladan. Los capturan con cepos de acero y les disparan una bala en el cerebro. Unos 200 mueren de este modo cada año. Mientras llegábamos a los pastizales de Emery Erola, me acordé de que la tarea de Bill Paul era aumentar el total. Mi memoria evocó la escena que se produjo aquí a principios de semana: una vaca mugía con fuerza entre las flores amarillas del prado, negándose a abandonar el cuerpo medio devorado de su ternero recién nacido, y Erola, un hombre de voz suave, murmuró: "Esto me está empezando a fastidiar de verdad". 

Entonces Paul miró al lugar de los hechos. Había huellas frescas en el barro y surcos por donde habían sido arrastrados la cadena y los ganchos de anclaje de una trampa. Momentos después, Paul encontró al lobo atrapado junto a un árbol caído, en el límite del bosque. Tenía una pata desgarrada y dos huesos rotos. Alguien le había disparado un tiro de gracia en el pecho.
Considerémoslo con detenimiento. Cuando hay lobos, es inevitable que se produzcan muertes. Para que ellos vivan, deben morir necesariamente las presas salvajes. Cuando otras circunstancias provocan el declive de las presas salvajes, el ganado muere. Entonces se mata a determinados lobos para que la gente permita vivir a otros. 

"Nos pasamos años educando a la gente para que no matara a los lobos", me dijo una vez Ed Bangs, el coordinador del programa de recuperación de lobos del FWS. En cuanto se declare recuperada la población de lobos, y ya no se los considere oficialmente en peligro, ni siquiera Bangs está seguro de la forma que adoptará la gestión de estos animales. La autoridad sobre la especie revertirá entonces a cada uno de los estados, que pueden tomar la decisión de considerar al lobo una pieza de caza.

Teniendo en cuenta la capacidad de aprendizaje tanto de los lobos como de los humanos, existen alternativas a futuras guerras políticas contra los lobos, por lo menos para las pequeñas explotaciones ganaderas. Las más eficaces son simples mejoras en el manejo del ganado, como trasladarlo a zonas más seguras durante la vulnerable estación de los nacimientos. La rápida eliminación de los animales que mueren por otras causas es crucial, no sólo porque la carroña atrae a los depredadores, sino porque puede enseñar a los lobos inexpertos a considerar el ganado como un alimento. También está aumentando el interés por los perros guardianes criados y entrenados ex profeso. Los destellos de luz y los dispositivos acústicos también
pueden funcionar como medidas disuasorias temporales.

Uno de los métodos más eficaces de control de los lobos fue inventado hace milenios. Se trata del propio sistema territorial del animal, cuyos límites define rociando orina. Mike Nelson, una de las principales autoridades en ciervos del país, y David Mech, un experto federal en lobos, han estado documentando la relación entre estas dos especies durante tres décadas. Sus datos demuestran que el número de ciervos se ve afectado principalmente por las condiciones invernales – profundidad de la nieve, frío y comida disponible -, pero rara vez por los lobos.

En las manadas de lobos pequeñas sólo se reproducen la hembra y el macho dominantes. La supervivencia de los cachorros puede aumentar con el incremento de las poblaciones de ciervos pero, en cuanto una manada empieza a crecer más allá de un cierto punto, las tensiones sociales se agudizan hasta que los miembros empiezan a dispersarse.

En los lugares en que los investigadores llevan el control, el número de lobos se ha mantenido siempre entorno a uno por cada 25 a 24 kilómetros cuadrados y, según Mech, es muy probable que se prosiga así hasta que el número de ciervos aumente o disminuya de forma radical.
Una manada no puede ampliar su territorio sin invadir uno ajeno, lo que provoca una pelea en la que los contendientes tienen grandes probabilidades de sufrir lesiones o incluso de morir. De hecho, aquí la causa principal de mortalidad entre los lobos son los lobos vecinos. En Yellowstone hay nada menos que 35.000 uapitís: demasiados, dicen algunos, indicando los signos de deterioro de la zona debido al exceso de pastoreo. Los defensores de los lobos sostenían que la reintroducción ayudaría a equilibrar las poblaciones de uapitís. Es posible, pero las pocas decenas de lobos que viven actualmente en medio de tanta abundancia de presas ya han empezado a matarse entre sí en conflictos territoriales. 

Incluso cuando están separados por su sistema territorial, los lobos se mueren de hambre, sobre todo los jóvenes. El moquillo, el parvovirus, la Dirofilaria immitis y los parásitos intestinales se cobran su tributo, afectando con mayor dureza a las poblaciones más numerosas. La enfermedad de Lyme también les afecta. La sarna, provocada por la parasitación del ácaro Sarcoptes scabei, se está extendiendo entre las manadas de la zona del lago Superior y puede causar pérdida de pelo y una muerte lenta por congelación. La preocupación de que los lobos se sigan multiplicando hasta eliminar a las presas es infundada. Los seres humanos lo han hecho, pero los lobos rara vez.

Por otra parte, la teoría de que los lobos sólo matan a los animales viejos u enfermos tampoco se sostiene. "Los datos muestran que los lobos atacan principalmente a los ciervos más jóvenes, con menos de un año de edad – me explicó Nelson-. Los animales viejos y débiles son normalmente el segundo objetivo."
Además, de vez en cuando matan más de lo que pueden comer, en especial cuando las presas avanzan con indecisión por la nieve. Aunque este exceso de muertes permite a la manada tener más carne para alimentarse en el futuro, nos causa la impresión de que se trata de una matanza gratuita.

"Cada lobo mata un promedio de 18 a 20 ciervos al año – añadió Nelson -. Las manadas pueden afrontarlo." El predominio de inviernos por lo general moderados desde los a los setenta hasta 1995 ha
permitido que el número de ciervos en la tierra de lobos de Minnesota se triplicara a pesar del incremente de la población del carnívoro y de que los cazadores y los conductores de vehículos matan unos 200.000 ejemplares cada año.

La siguiente vez que vi a David Mech estaba sobre un cerro de Yellowstone, con los prismáticos apretados contra sus ojos, expeliendo vaho en el aire frío. "Este se ha convertido en el mejor lugar del mundo para observar lobos", me dijo. Mech ha observado al Canis lupus por todo el mundo y, en fechas recientes, ha iniciado un estudio intensivo en la cordillera norte del parque. Entre las laderas de las montañas se extienden vastos herbazales veteados de artemisa, lo que permite tener a los animales a la vista durante innumerables horas. La luz del sol y los frescos vientos de montaña despejan las sombras que siempre parecen envolver al lobo de las tradiciones de Europa y los bosques del Norte. Lo que se ve es sólo un poderoso depredador que desempeña su papel en una variada comunidad de otros carnívoros y de potenciales presas de ungulados.

La manada de lobos que había frente a nosotros se desplazó de un grupo de uapitís al siguiente, calibrando sus posibilidades. Algunas veces, los uapitís corrían más que los lobos. Un uapití macho giró con tal rapidez frente a un perseguidor que una cuerna suelta salió volando de su cabeza. Otros se agruparon y se mantuvieron firmes, repeliendo las incursiones con patadas violentas. Como la pata anterior de un uapití podría triturarles fácilmente las costillas o abollarles el cráneo, los lobos hacían asaltos fingidos, meramente intimidantes, para intentar asustar a algún miembro de la manada y hacerlo huir. 
Podíamos percibir el ímpetu de una batalla segundo a segundo, con un desenlace no predestinado, sino únicamente una suma de la destreza, la experiencia y la determinación de cada animal, más un poco de suerte. Una mañana observé un uapití que desaparecía por la cresta de una montaña con un lobo colgando en cada uno de sus hombros. Tres minutos después reapareció – aparentemente ileso – y poco más tarde empezó a pastar mientras el par de lobos se alejaba a paso largo.

No es la única especie que se está recuperando. Al ser el principal depredador de ungulados del hemisferio norte, el lobo ejerció una influencia enorme en la selección natural de otras especies. En cada generación, resultaban vencedores aquellos que eran un poco más fuertes que la media, más ágiles, algo más veloces, quizás más comunicativos, más capacitados para mantener el grupo alerta. Durante decenas de miles de años, la prueba del lobo forjó a los uapitís, ciervos, alces, caribúes, bisontes carneros salvajes, cabras de las nieves y bueyes almizclados que hoy admiramos.

En un sentido muy profundo, el uapití es el lobo, y el lobo es el uapití, al haber influido tanto las exigencia de uno en la evolución del otro. Un proceso de configuración mutua abarca al lobo y también a sus competidores. En el lado oeste del Parque Glacier, investigadores de la Universidad de Montana descubrieron que los grizzlis de las Rocosas, los pumas y los lobos consumían un número de presas aproximadamente equivalente. Ahora que los osos grizzlis se pueden alimentar de restos abandonados tanto por los pumas como por los lobos, unos cuantos osos macho permanecen activos durante todo el invierno en vez de retirarse a la osera. Desde las semillas de huckleberry (un arbusto parecido al arándano) propagadas en las eyecciones de los osos hasta los gallos de monte que prosperan donde los lobos reducen las poblaciones de coyotes, la conexión se establece en todas direcciones. 
Y yo empecé a vislumbrar lo que los nez percé quieren decir cuando hablan de que el lobo vuelve a cerrar el círculo. 

2 comentarios:

  1. Congratulations for this article. God save the wolves! Martha Kreutzer from Argentina.

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  2. The Wolf is back. I consider him like my brother. And indeed he is. Good luck brother Wolf. Please to meet you again. Miguel Andel Deza from Argentina

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